Feminicidio en América Latina

Feminicidio en Perú

En los últimos días de mí llegada a la ciudad de Lima, en Perú, he podido percibir que ocurre lo mismo que pude observar en mi estancia en la ciudad de Quito (Ecuador): el acoso sexual, la violencia a la mujer y un alto nivel de machismo. Sí, machismo.

Antes que digan que solo puede tratarse de  una percepción, pude presenciar en primera persona como una persona cercana a mi familia le hablaba a su esposa con calificativos como “estúpida” o “imbécil” y por si fuera poco, tenía que coquetear incluso conmigo hablando de la belleza de la mujer venezolana. Conversando incluso con varios peruanos, me han dicho que efectivamente si hay un machismo muy grande en el país, que la sociedad peruana es machista y una persona llegó a decirme que muchas veces las mujeres se buscan las cosas que les pasan.

Un mes antes de mi llegada a esta ciudad, un caso de feminicidio impactó a la sociedad peruana. Se trataba de una mujer que había sido atacada en un autobús por su ex pareja. Hace unos días, esta chica falleció. Con más del 60% de su cuerpo con quemaduras de tercer grado, tuvo que ser sometida a diez operaciones, las cuales se infectaron tan severamente, que desarrolló septicemia y al final shock séptico, el que causó su muerte. Como parte de las investigaciones, entre las tantas entrevistas que pudieron conseguir con el agresor,  en una de ellas este hombre dijo (lo parafraseo), que no quería matarla, solo desfigurarle el rostro. Y entre los dos últimos días que he han transcurrido, han aparecido una oleada de casos de feminicidio en el país, algunos tratando de imitar el caso de la joven que falleció.

Vale la pena preguntarse, ¿Por qué ocurren estas cosas y por qué pareciera ser tan común en  esta región del mundo? Y solo para aclarar, no es un tema particular de Perú, también lo sufre Ecuador, Colombia,  México y Argentina solo por citar algunos ejemplos.

Comencemos con algunos datos importantes:

  • Los centros de emergencia a la mujer atendieron casi 100 mil casos (atención integral para víctimas de violencia familiar y sexual) en el 2017.
  • Perú es el octavo país (de un total de 23) de América Latina con el mayor índice de feminicidios, según cifras otorgadas por el observatorio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
  • Perú es el tercer peor país a escala mundial en términos de violaciones sexuales contra las mujeres.
  • Lima, en particular, es la quinta ciudad más peligrosa en el mundo para las mujeres, según un estudio elaborado en el 2017 por la Fundación Thomson Reuters.
  • La mayoría de acusados son convivientes (35,5%) y ex convivientes (24,7%) de las víctimas.
  • El Ministerio Público registró un total de 31 casos de feminicidio en todo el país, en el periodo comprendido entre enero y abril de este año.

Cifras de América Latina:

  • Entre los 25 países con las tasas más altas de asesinatos de mujeres en el mundo, 14 están en América Latina y el Caribe.
  • Para abril de este año, casi 100 mujeres habían sido asesinadas en Venezuela a pesar de que la ley adoptó en 2014 el “feminicidio” como figura legal, un delito que es pagado hasta con una pena máxima de 30 años para quienes atenten contra la vida de una mujer sólo por su sexo.
  • En Argentina se registraron 251 casos de feminicidio solo en 2017.
  • Brasil es emblemático y Argentina experimenta como ningún otro territorio el fenómeno: el asesinato de una mujer cada 30 horas, 230 entre el primer día del año y el 31 de octubre de 2017, según estudios de la ONG La Casa del Encuentro.
  • En Perú, cada mes se dan en promedio 11 asesinatos de mujeres y 23 tentativas; 16 de las 39 mujeres asesinadas en octubre de 2017 en Argentina habían denunciado previa violencia machista en su contra; más de 100 mujeres son asesinadas al año en México D.F.; 58 casos se dieron en Chile en 2015; más de 38.000 mujeres fueron agredidas por su pareja en Colombia en 2016, entre muchos otros números que la región no enfrenta.
  • Honduras es el país de la región con el mayor número total de asesinatos de mujeres (531 en 2014), lo cual representa 13,3 por cada 100.000 mujeres.
  • Se cometen 7 feminicidios cada 24 horas en México.
  • Cada día mueren en promedio al menos 12 latinoamericanas y caribeñas por el solo hecho de ser mujeres, según informe ofrecido por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Factores que inciden en la problemática:

Sociólogos y trabajadores sociales coinciden en que la principal causa de violencia doméstica y feminicidio es el machismo en una sociedad. El machismo, ha sido definido por la psicóloga Julia Perilla como el conjunto de expectativas que tienen los hombres que viven en una cultura, en la que ellos ejercen poder, dominancia, control  y superioridad sobre las mujeres. En esa definición, la palabra clave es cultura, la que se entiende como el conjunto de creencias, comportamientos, y otras características que son comunes a los miembros de un determinado grupo o sociedad. A través de la cultura, las personas y los grupos se definen a sí mismos, se ajustan a los valores comunes compartidos por la sociedad y de esa manera, contribuyen a la sociedad.

Siendo el machismo una construcción social, es indudable que la influencia de la familia en la génesis y perpetuación del machismo es crucial. Si un bebe crece en un hogar en el que los padres -que heredaron esos comportamientos de sus propios padres- limitan los roles de sus hijos al estereotipo de lo que puede o no puede hacer un niño o una niña, ya están propiciando el machismo. Al inconscientemente favorecer ciertos patrones de comportamiento en sus hijos e hijas, ya están estableciendo diferencias, las que, en una sociedad machista, tienden a perpetuar la dominancia de los varones en desmedro de las mujeres. Un ejemplo cotidiano: en una casa donde habita papá, mamá, hijo e hija y en donde la niña es quien tiene que ayudar a mamá a lavar los platos o limpiar la casa por el hecho de ser una niña, mientras el niño es exento de esta responsabilidad por el solo hecho de ser un niño, es una manera de fomentar el machismo.

Obviamente, ese modo de crianza en el hogar no debe interpretarse como una falencia de los padres. Como lo dice la Dra. Perillo en su definición de machismo, al criar a sus hijos en un ambiente de machismo, los padres están simplemente conformándose a las expectativas que tienen los varones en la cultura machista del país. No lo hacen a propósito, “las cosas son así”, del mismo modo que durante décadas, en Arabia Saudita se aceptaba que las mujeres no debían manejar vehículos (recién podrán hacerlo por primera vez en su historia el próximo 24 de junio).

Es por eso, que una sociedad que desea realmente cambiar el paradigma del machismo debe propiciar una educación con un claro enfoque de igualdad entre niños y niñas. De otro modo, si los niños vienen ya de la casa con una visión machista de la realidad, y el sistema escolar no está preparado para corregirlo, tendremos jóvenes que crecerán con claros comportamientos machistas, que creerán que una mujer debe ser siempre sumisa y puede ser de su propiedad.

Hay factores de orden cultural en la actualidad, porque a mayor autonomía de las mujeres también hay una mayor resistencia de muchos varones para aceptar esa autonomía.

El tercer factor que incide altamente aunque pareciera que no es así, es la falta de acciones estatales y voluntad política para enfrentar y prevenir los asesinatos de mujeres.

Sin duda que el feminicidio es un problema de salud pública en muchas sociedades en el mundo, calculándose que cerca de 70,000 mujeres son asesinadas por su pareja cada año, lo cual constituye el 17% de los homicidios intencionales.

Para lograr igualdad, los gobiernos deben crear sistemas institucionales de cuidado para liberar el tiempo de las mujeres y también mecanismos de protección social para al menos garantizar una vejez digna a todas las mujeres.

Algo que preocupa muchísimo es el impacto que provoca o no en la sociedad, no solo se trata que afecte a una mujer por ser mujer. Es importante que todas las esferas de la sociedad, sin distinción de estratos o género participen y hagan eco de acciones que fomenten el respeto hacia la mujer y el hombre por igual.

Hay demasiadas preguntas y pocas respuestas sobre por qué realmente ocurren, pareciera que un sector de la sociedad culpa al machismo como causa de este terrible mal, pero la cultura como ya hemos visto, incide altamente en este tipo de acciones. La pregunta es, ¿Ahora qué hacemos al respecto?

No quiero terminar este artículo sin comentar también las cosas buenas que se están haciendo al respecto para frenar este tipo de delitos y disminuir o erradicar este problema social. Creo que este tipo de iniciativas vale la pena replicar:

Uruguay, por ejemplo, ha implementado un proyecto piloto exitoso con los tribunales, la policía y el Instituto Nacional de las Mujeres. En una situación de alto riesgo, un juez puede ordenar al agresor que use bandas electrónicas conectadas a un dispositivo que la mujer en riesgo lleva consigo. Si el agresor se acerca a ella, el dispositivo alerta automáticamente a la policía. Durante el programa ambos reciben también apoyo psicológico. Hasta ahora, ninguna de las mujeres que forma parte de este programa ha sido asesinada.

No es una erradicación al problema, pero si es una forma de ayudar a preservar la vida de las víctimas. Apoyemos y fomentemos más acciones como estas y que se repliquen en la región.

Exijamos a las autoridades que desarrollen políticas públicas que fomenten el respeto a la vida y a los derechos de todos por igual y que suman este problema social como tema de salud pública. Por supuesto, la educación juega un rol importante, desde pequeños enseñemos el valor del respeto y la solidaridad. No esperemos que esa piedra en el camino se tope con alguna de nosotros o una conocida. Ni una menos.

Si te gustó este artículo, compártelo en tus redes sociales y sale un like. Ah, y no  olvides suscribirte a mi blog. Desde ya, mil gracias por leerme.

MP

 

 

 

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