Ángela Merkel. ¿Por qué su política migratoria la ha puesto contra la pared?

Angela Merkel ofreciendo un discurso

Ángela Merkel. ¿Quién es el canciller de Alemania?

Como muchos saben Ángela Merkel es hija de un pastor protestante y solo vivió unos pocos meses en la RDA, bajo los rigores del régimen comunista. Fue militante de la Juventud Alemana (comunista). En cuanto  a sus estudios, curso física en la Universidad de Leipzig, por la que se doctoró en 1986.

Entró en el ámbito de la política luego de la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, y como parte de su carrera fungió como ministra de Juventud y Familia  y del Medio Ambiente y Naturaleza. Ángela Merkel, asumió primero la secretaría general (1998) y luego la presidencia del partido, cargo para el que fue elegida el 10 de abril de 2000. Los comentaristas alemanes subrayan que, en el seno de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), dominada por dirigentes católicos de las regiones occidentales, Merkel mostró una tenacidad admirable en la lucha por el poder desde que fue elegida secretaria general en 1998.

Presidenta de la CDU

En 2002,  fue electa presidenta del grupo parlamentario CDU-CSU y, por ende, jefa de la oposición en el Bundestag.

Si creemos a su principal biógrafo, Gerd Langguth, Ángela Merkel siguió el consejo de Kohl, según el cual para preservar el poder es preciso dominar el partido. Volvió a ser reelegida dos años después, en diciembre de 2004, y consolidó su reputación de mujer implacable.

Durante sus tres años en el primer escaño de la oposición, Merkel no sólo se mostró tenaz en sus diatribas contra las reformas de Schröder, que juzgó insuficientes, sino que ganó fama de adoptar una posición estrictamente racional ante los problemas, de la que deriva un estilo político que huye de las generalidades para atenerse a la observación y el estudio de los detalles. En contraste con Kohl, un político tradicional y católico, obsesionado por la historia y por el consenso social y político, ella actuó como una científica pragmática, “independiente de la ideología”, según sus palabras, que sopesa cuidadosamente los pros y los contras, pero que no vacila en la decisión.

Primera canciller del Gobierno alemán

La ventaja inicial quedó reducida a su mínima expresión en las urnas el 18 de septiembre. La CDU-CSU ganó las elecciones por un solo punto de diferencia (35,2 % de los votos, por el 34,2 % para los socialdemócratas del SPD) y obtuvo cuatro diputados más en el Bundestag (226 por 222), una victoria pírrica, según los diversos comentaristas.

Los dos candidatos reivindicaron la cancillería, pero, tras comprobar que era inviable otra solución, los emisarios de ambos partidos consumieron tres semanas en llegar a un acuerdo de principio para una gran coalición (10 de octubre). Merkel se salió con la suya (“un temperamento de hierro”, concluyó Le Monde) y logró la cancillería, pero el SPD, con la vicecancillería y ocho ministerios importantes (Exteriores y Hacienda, entre ellos), la sometería a una estrecha vigilancia.

El 11 de noviembre, Merkel presentó en Berlín el programa-contrato de los dos grandes partidos, cuyo objetivo, según proclamó, era “invertir la tendencia a la baja”, pero las medidas sobre el aumento de impuestos y los recortes sociales para corregir el déficit presupuestario se preveían polémicas. El 22 de noviembre, en una solemne ceremonia, fue investida canciller por el Bundestag por 397 votos a favor (51 menos de los que sumaba la gran coalición), 202 en contra, 12 abstenciones y un voto nulo.

Como prueba de su apuesta por el futuro europeo y a la vez atlantista, el 23 de noviembre (un solo día después de su investidura) Merkel viajó a París para entrevistarse con Jacques Chirac, y visitó luego la sede de la Alianza Atlántica en Bruselas. Durante la campaña electoral, en contra de lo que es habitual, Merkel apareció en algunos momentos con su segundo marido, Joachim Sauer, profesor universitario de química en Berlín, con el que no tiene hijos.

La tradición del consenso impediría la ruptura liberal propugnada inicialmente por Ángela Merkel y derivaría en una situación enrevesada que puso a prueba su talento político y determinaría su futuro y, en parte, el de Alemania y de toda Europa. Bien pronto, sin embargo, se hizo patente su habilidad para sortear todos los obstáculos, hasta el punto de que su enérgica determinación le permitiría encadenar sucesivos mandatos (2005-2009, 2009-2013, 2013-2017) mediante nuevas coaliciones e imponer su ideario liberal no solamente en Alemania, sino también en Europa. No en vano la máxima responsable de las políticas de austeridad de la Unión Europea ha sido repetidamente considerada la mujer más poderosa del mundo por la revista Forbes.

Política migratoria de Merkel.

La llegada de refugiados al país ha convertido al canciller en la bestia negra de la pujante extrema derecha, cuya prioridad es derribarla. La insultan en los mítines y montan manifestaciones a las puertas de la cancillería porque no le perdonan que haya “socialdemocratizado” el centro derecho alemán. En la CDU también anida la frustración ante la pérdida de votos que se fugan a la extrema derecha xenófoba y ante un viraje hacia el centro que es para muchos conservadores, excesivo. Merkel repite que lo sucedido en 2015 no se puede repetir, pero a la vez defiende su decisión “urgente” y “humanitaria” de no poner trabas a los huidos de la guerra. Mientras, va cediendo a las exigencias que llegan desde su derecha en aras de su supervivencia. Ese endurecimiento de la política migratoria no lo percibe buena parte de la población, para la que Merkel es la culpable de que Alemania se haya poblado de rostros extranjeros.

Además, cuando más volátil se vuelve el entorno (Trump, la guerra comercial contra Europa, la  revuelta bávara) más pesa la carta de la estabilidad que Merkel dice representar y que muchos alemanes compran, y más lejana se vislumbra su salida. Ese apoyo y esa sensación de que Merkel es a estas alturas un mal menor trascienden las fronteras alemanas. Quedó patente en la última cumbre europea en Bruselas, en la que Merkel logró el socorro de hasta 16 países para alcanzar pactos bilaterales con los que convencer a Seehofer de que no rompiera la baraja.

Para la líder alemana, el tiempo ahora es para reforzar la Unión Europea y no sólo porque la salida del Reino Unido dejará un gran vacío, sino porque el orden mundial está en fase de transformación y Europa debe estar preparara para abordar por si misma a desafíos del siglo XXI. “Estados Unidos se repliega de la escena mundial y eso obliga a Europa a velar por su destino y nuestra situación geográfica hace que los desafíos a los que debemos hacer frente sean muchos”, señaló la canciller en referencia a la proximidad con Rusia, a las zonas de conflicto en Oriente Medio y a la presión migratoria de África.

Trump y su dura crítica a Alemania por su política migratoria.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló hoy a las políticas migratorias de Ángela Merkel como el desencadenante de la crisis que sufre el Gobierno de la canciller de Alemania, y criticó que Europa permita un cambio “radical” de su cultura con la entrada de migrantes al continente.

“El pueblo alemán le está dando la espalda a sus gobernantes debido a que la inmigración está sacudiendo la débil coalición de Berlín. La criminalidad en Alemania está subiendo. Un gran error por parte de toda Europa el aceptar a millones de personas que radical y violentamente han cambiado su cultura”, tuiteó Trump.

La política migratoria también ha cobrado actualidad en la UE a raíz del caso del buque de salvamento marítimo ‘Aquarius’, operado por Médicos Sin Fronteras y SOS Mediterranée, al que Italia y Malta cerraron sus puertos en junio pese a que iba cargado con más de 600 migrantes, incluido un gran número de menores, que finalmente desembarcaron en Valencia. Merkel ha abogado por encontrar una solución europea, frente a Seehofer, su homólogo italiano Matteo Salvini y el canciller austriaco Sebastian Kurz, que tratan de impulsar un “eje contra la inmigración ilegal”, que se ha impuesto gracias al apoyo de algunos socios del Este, como Hungría y Polonia. Los jefes de Estado y Gobierno de la UE han llegado a un acuerdo para crear centros de acogida de migrantes dentro y fuera de territorio comunitario para, siguiendo modelo Seehofer, cribar entre refugiados, que serían reubicados en los estados miembros que se ofrezcan voluntariamente, e inmigrantes económicos, que serían enviados de vuelta a sus países de origen.

A propósito de la división en el seno de la UE, Merkel ha admitido igualmente que “mantener unida a Europa” será el principal reto del bloque comunitario en los próximos años, en los que también tendrá que lidiar con su primera baja: Reino Unido.

La pregunta que cabria hacerse es: ¿Fue acertada la recepción de inmigrantes a Alemania? En mi opinión, Merkel y su política migratoria fueron plenamente acertadas en el contexto en el que se produjo. Fue el primer país en recibir y apoyar a los desplazados de la guerra en Siria y si bien hay que admitir que existe un porcentaje de criminalidad considerable y destacable con la llegada de los desplazados, no se puede juzgar a todos con la misma moneda. En este caso, no voy a entrar en sentencia con respecto a este tema, lo que sí estamos para analizar es la politica migratoria alemana. Creo que es necesario que todos los países que apuesten por este tipo de políticas, generen filtros en cuanto a las personas que reciban en su territorio, puede sonar denigrante, quizá un poco, pero es necesario entender las posturas de todos los actores implicados (polítícos y ciudadanos de a pie), y en efecto, aplicar todo el peso de la ley a las personas que cometan delitos en cualquier nivel.  

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