Los chalecos amarillos: ¿Qué pasa en Francia?

Chalecos Amarillos en Francia.

Lo que hoy es un movimiento, comenzó con unas pocas personas en la Francia rural de clase media baja, un sector que protestaba contra un nuevo impuesto ecológico sobre el combustible que creían que llevaría sus presupuestos al límite.

Sin embargo, hay que darle crédito a uno de los mejores inventos y protagonista de sucesos inesperados en el siglo XXI: internet.

A finales de Mayo, Priscillia Ludosky, ciudadana francesa lanzó una web llamada change.org con el objetivo de recoger firmas a fin de exigir soluciones a las constantes y continuas subidas de los carburantes en Francia. Esta iniciativa para ese entonces contaba con 1,12 millones de personas que lo respaldaban.

Meses después esta web se hizo viral a través de Facebook lo que llamó la atención de los medios de comunicación. Y para el 17 de Noviembre, más de 300 mil franceses de forma prácticamente independiente se manifestaron por todo el país portando los chalecos amarrillos que se han convertido en el ícono del movimiento, pues como se sabe, son obligatorios en los vehículos en casos de incidente.

¿Quiénes son los chalecos amarillos?

Los chalecos amarillos como movimiento, está compuesto por tres grupos comprendidos entre:

  • Clases medias y pensionistas de provincias, en pareja, en familia, enarbolando banderas de Francia, pedían «comprensión». Sus denuncias a Macron son usualmente con una terminología tradicionalmente conservadora.
  • Jóvenes de la periferia de París y otras grandes ciudades, en banda, con poca presencia de la Francia multicultural, son quienes lanzan proclamas muy duras contra Macron, sin llegar a los enfrentamientos físicos con las fuerzas del orden.
  • Jóvenes encapuchados de extrema izquierda y extrema derecha, usando máscaras antigás, aprovechan la confusión para lanzar una batalla campal contra las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS).
Chalecos amarillos de Francia.
Fuente: AFP.

¿Por qué protestan los chalecos amarillos?

Su objetivo principal es que no suban los precios de los carburantes, recuperar el poder adquisitivo perdido y recobrar los servicios públicos perdidos en la Francia periférica que alegan, no tiene las ventajas de París y las grandes ciudades.

¿Quiénes los apoyan y quienes no?

Se suele encontrar que el francés promedio tiene familiares y amigos que habitan en pequeños pueblos. Esto ha generado una ola de solidaridad y comprensión que ha generado apoyo y adeptos a sus protestas.

Por el contrario, las élites intelectuales, culturales y sociales, siempre han considerado que esa Francia profunda era un poco «arcaica» y «provinciana». Los chalecos amarillos son la revuelta de esa Francia profunda contra las elites parisinas, que Emmanuel Macron encarna de manera arquetípica.

¿Cuál ha sido la reacción de los partidos políticos y los sindicatos ante la crisis?

La extrema derecha y la extrema izquierda intentan recuperar el movimiento. Tanto los socialistas como la derecha tradicional dicen comprender la “cólera”. Por su parte, los sindicatos están divididos.

Protestas en Francia.
Fuente: AFP

 

 

Opinión: Hay algo que se debe destacar y es que la subida al combustible que plantea Macron, es un intento por combatir la contaminación y el cambio climático, pero representa un gasto añadido importante para muchas familias en cuyas vidas el coche es un instrumento crucial.

Fuera de las grandes urbes del país, la escasa densidad de los pueblos y vecindarios en los que vive la mayoría de los manifestantes dificulta tener servicios y lo que está siendo la peor crisis de la presidencia de Macron se zanja con la cancelación de los planes del gobierno sobre un aumento del precio del diésel.

El primer ministro, Edouard Philippe, anunció la decisión el 5 de Diciembre, apenas un día más tarde de haber anunciado que la aplicación de la medida iba a ser pospuesta durante seis meses.

Estoy de acuerdo con Macron al afirmar que “Ninguna causa justifica que las autoridades sean atacadas, que las empresas sean saqueadas, que los transeúntes o los periodistas estén amenazados o que el Arco de Triunfo sea manchado”. Si bien las personas que protestan son libres de hacerlo, era de esperarse la represión por parte de las fuerzas de seguridad si íconos de importancia como el Arco del Triunfo o funcionarios públicos son agredidos.

Más de 100 personas resultaron heridas en la capital francesa, incluidos 23 miembros de las fuerzas de seguridad, y cerca de 400 personas fueron arrestadas durante el pasado fin de semana.

Macron deberá buscar el consenso entre las partes y recuperar la confianza que también se ha generado en parte por el descontento ante el creciente aumento del costo de vida y las políticas económicas.

Tal lo ha pensado que, en su última alocución, el mandatario reconoció que muchas personas no están felices con las condiciones en las que viven y que además “no han sido escuchadas”. Y aunque condenó la violencia, el presidente dijo que la rabia de los manifestantes era “profunda y en muchas maneras legítima”.

En respuesta a las protestas, Macron prometió un aumento del salario mínimo de 100 euros a partir de 2019.

También anunció concesiones en la carga tributaria.

Además, canceló los planes para aumentar los impuestos de los pensionados de bajos ingresos; el pago de horas extras ya no será gravado; y a los empleadores se les alentará a que paguen un bono de fin de año libre de impuestos a sus empleados.

Estas medidas se suman a otras que ya se habían anunciado, como otorgar auxilios a las personas que conducen para ir al trabajo y suspender el aumento al precio del combustible.

El presidente también se comprometió a reunirse con alcaldes de todas las regiones de Francia y fomentar un “debate sin precedentes”.

Es de esperarse que Macron concediera estas medidas por qué no tenía opción. Las concesiones logradas, convierten a los chalecos amarillos en uno de los movimientos de protesta más exitosos de los tiempos modernos. Es la primera vez en su mandato que Macron retrocede en sus propuestas de Gobierno.

Han forzado una reorientación total de las políticas económicas y sociales de Francia aún sin siquiera haber hecho una lista formal de demandas. ¿Por qué? Se debe a que no están del todo organizados. No hay organización que «dirija» el movimiento, que no tiene líderes ni portavoces: en cada pueblo, ciudad, departamento o región la gente se agrupa a través de las redes sociales.

Macron, quien comenzó su mandato con una popularidad del 55%, ahora posee al menos un 33%. Más de dos tercios de los franceses apoyan el movimiento de los chalecos amarillos.

De fallar en sus reformas o no lograr el consenso, Macron puede no ser reelegido en 2021 y dejar Francia en manos del populismo de extrema derecha o extrema izquierda.

 

Asumo mi parte en esta situación. Quizás les he transmitido la sensación de que tengo otras preocupaciones y prioridades. Sé que algunos de ustedes han sido heridos por mis palabras.

Enmanuel Macron 

 

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